Sí, sueños, esos que sirven de perfecta excusa para quedarse contemplando la infinidad del techo de cualquier cuarto.
Por ellos estamos programados para la vigilia y por ellos salen tantos accidentados.
Parámetros distintos, que no diferentes, los sueños deberían ser regulados, pues no todos valen.
Están bien los aduladores, por triviales, que sirven de escenario portátil al aplauso del ego.
Existen los nostálgicos de mundos aún por llegar, los que añoran lo que no se tiene.
Los premonitorios están para no hacerles nunca caso, o aplicando severamente la estadística, para dudar muchísimo cuanto menos.
Hay sueños que limpian realidades, que se apoderan con fuerza de tu nave interna y que tocan a ciegas tus botones, despertándote siempre siendo una sonrisa justo en el mismo momento que ese apercibimiento desplaza al más absoluto de los olvidos, el contenido del imaginario onírico.
Se tienen por fuerzas ocultas, o al menos superiores, que te programan, te maldicen y ajustan tus ecualizadores sin consentimiento.
Pero dormir no es pérdida de tiempo, eso os informo, para lavar mi imagen mientras bostezo.
Así es como cojemos fuerzas cada día, para cada nuevo intento, como bocanadas de aire para nuestras velas que nos hagan navegar sin rumbo hasta la noche.
Derrotan las jornadas, por eso el sueño limpia, repito, si se sabe bien soñarlo.
Yo ya apenas tengo pesadillas y las que tengo, también intento que valgan el precio de su entrada, pero la más grande que tengo la vivo con los ojos abiertos.
Es la que me traen los telediarios en bloques siempre iguales de noticias y la información que me costeo leyendo contracrónicas que son realmente a las que temo.
La sociedad está fermentada y no le sienta nada bien a mi perdida alma, me contesto con desgana y a destiempo a la pregunta no planteada.
Y por ello ya no quiero despertar, por eso duermo.
miércoles 6 de enero de 2010
martes 10 de noviembre de 2009
A ti...
Te amo,
mas no puedo tenerte,
aquí conmigo,
aquí a mi lado.
Te deseo,
y ni siquiera puedo abrazarte,
tus llamas me queman por dentro,
de mis cenizas no tardaste en apoderarte.
Tus sueños me acarician,
mientras escucho las hermosas frases,
que a mis ojos susurras,
sin dejarme atender a tu distinción de clases.
Me llena la envidia,
me mata la rabia,
porque tan solo puedo ofrecerte,
lo que de mi te agrada.
Me cuesta mucho fingir,
cuando se me acercan y me hablan.
Es difícil pretender,
que no me sucede nada.
En realidad quisiera,
nada más que apretar fuertemente mi garganta,
hasta que el último suspiro,
de ésta se marchara.
Quisiera poder hechizarte,
para apoderarme de tus ojos y corazón,
porque no soporto vivir sin tenerte,
y no quiero morir en la sociedad de la razón.
Asfixiame con éste sentimiento,
tú que llenas mi alma,
llena de miedos sin escrúpulos,
dame por fín tu eterna calma.
mas no puedo tenerte,
aquí conmigo,
aquí a mi lado.
Te deseo,
y ni siquiera puedo abrazarte,
tus llamas me queman por dentro,
de mis cenizas no tardaste en apoderarte.
Tus sueños me acarician,
mientras escucho las hermosas frases,
que a mis ojos susurras,
sin dejarme atender a tu distinción de clases.
Me llena la envidia,
me mata la rabia,
porque tan solo puedo ofrecerte,
lo que de mi te agrada.
Me cuesta mucho fingir,
cuando se me acercan y me hablan.
Es difícil pretender,
que no me sucede nada.
En realidad quisiera,
nada más que apretar fuertemente mi garganta,
hasta que el último suspiro,
de ésta se marchara.
Quisiera poder hechizarte,
para apoderarme de tus ojos y corazón,
porque no soporto vivir sin tenerte,
y no quiero morir en la sociedad de la razón.
Asfixiame con éste sentimiento,
tú que llenas mi alma,
llena de miedos sin escrúpulos,
dame por fín tu eterna calma.
lunes 2 de noviembre de 2009
Taitantos de octubriembre
Escribo este texto en estado de inopia, con un ojo aún cerrado por el sueño, asi que hoy seré breve.
Acabo de terminarme uno de esos yogures del José Coronado, supongo que me vendrá bien, si es eso cierto de que te regula el intestinaje, ya que el alma lo tiene más complicado. ¿Qué fermentos, si existieren, le vendrán bien a ella?
Como toda la maquinaria presente en este mundo ella también necesita sus engrases, y no lo digo porque sepa que la de algunos pierda aceite, que tampoco se lo echaré en cara, pues la mía no está para tirar cohetes.
Todo esto tan metafísico lo digo yo mientras me rasco la entrepierna, qué le voy a hacer, es mi remedio casero particular para ella, tan falto de exquisitez como efectivo.
Y todo porque vivo cada día más atolondrado, sin tiempo que desperdiciar ni momentos que vivir, intercambiando besos repetidos por bostezos al por mayor, como el crío que cambia cromos a los ojos de su padre en cualquier mañana de parque dominguera.
A fin de cuentas sigo siendo un crío...
y despues de todo el mundo no es nada más que un gran jardín de infancia...
Acabo de terminarme uno de esos yogures del José Coronado, supongo que me vendrá bien, si es eso cierto de que te regula el intestinaje, ya que el alma lo tiene más complicado. ¿Qué fermentos, si existieren, le vendrán bien a ella?
Como toda la maquinaria presente en este mundo ella también necesita sus engrases, y no lo digo porque sepa que la de algunos pierda aceite, que tampoco se lo echaré en cara, pues la mía no está para tirar cohetes.
Todo esto tan metafísico lo digo yo mientras me rasco la entrepierna, qué le voy a hacer, es mi remedio casero particular para ella, tan falto de exquisitez como efectivo.
Y todo porque vivo cada día más atolondrado, sin tiempo que desperdiciar ni momentos que vivir, intercambiando besos repetidos por bostezos al por mayor, como el crío que cambia cromos a los ojos de su padre en cualquier mañana de parque dominguera.
A fin de cuentas sigo siendo un crío...
y despues de todo el mundo no es nada más que un gran jardín de infancia...
jueves 3 de septiembre de 2009
¿Dictacracia o demodura?
En Salamanca a cada día que pasa oscurece más temprano...
Así llevamos ya unos cuantos años, años de generaciones exiliadas, y la negrura que prostituye a mi amada noche cada día se torna más voraz.
Las gaviotas han dejado paso ya a los murciélagos y estos copan nuestras vidas urbanizadas sabedores de que aún les quedan muchos años de placentero exilio en nuestra tierra.
Por ello, no puedo más que acordarme del alcalde de mi ciudad, que no mi alcalde, donde su comportaymiento me recuerda a tiempos pretéritos, cuando ondeaba un águila imperial flanqueada por charangas de crucifijos.
¿Por qué ha resucitado de su taxidermia?
Porque por mucho que lo neguemos, nosotros o nuestros líderes pensantes, somos zombies de nuestra propia civilización, y no precisamente de los de George Romero ( esos al menos me caen bien, nos quieren matar y tienen la decencia de decirlo a la cara ).
Estamos alienados por la vida que trajeron los años pasados y peor aún, los venideros.
Somos militantes de mentiras y esclavos de nuestro progreso, incapaces casi siempre en las grandes puestas de acuerdo.
Bailamos ciegos a nuestra música y sordos ante nuestros pasos, y lo que es peor, negando nuestros tropiezos excusados en el olvido.
Pero el mundo empezó sin el Hombre y sin el Hombre acaba, diré como verdad irrefutable y como consuelo, el que aparenta ser ya para nosotros el último y gran remedio.
En Salamanca a cada día que pasa oscurece más temprano, por eso no pienso dejar de mantener encendido el candil de mis sueños...
P.D: la vida es una desgracia contínua interrumpida por breves momentos de felicidad, si con mis palabras he conseguido uno solo de tus momentos, mis pesadillas habrán merecido la pena.
martes 25 de agosto de 2009
Mar de arena
Existen sitios que no hace falta ya visitar para saber lo que te van a ofrecer, el mejor de los ejemplos, el Sáhara.
Al ir acercando la vista a los campamentos, una extraña sensación va invadiendo tu cuerpo poco a poco. Te vas sintiendo cada vez más aislado, como una transición entre dos mundos, son muchos los kilómetros de arena y piedras, nada más, arena y piedras, tan lejos y a la vez tan cerca.
Te hacen sentir como un pequeño bote en mitad del océano, solo, aislado, olvidado. A merced de sus interminables olas.
El viento baila a tu alrededor y con él la arena. Rebelde e imprevisible, te envuelve y se va, se alza sobre tu cabeza y bajo tus pies, en mil y una direcciones.
En mitad de la nada, en mitad de una tierra ardiente y estéril, se alza el pueblo saharaui.
El mar que les pertenece, les espera triste en la distancia, esperando algún dia volver a verles en un lugar del que jamás debieron partir, esperando volver a sentirles entre sus aguas y volver a ver sus sonrisas, esas que ni el desierto ha podido borrar.
El mar llora su ausencia, les espera triste y ausente, les extraña.
El calor y el frio se suceden vertiginosamente, como el sol y el viento.
Una cabra camina fatigada entre las jaimas, la veo, la siento, sin salir ya de entre mis sábanas.
A mediodía la vida se detiene, no se ve a nadie, el sol es demasiado fuerte y todos esperan en sus jaimas que la tarde entre y se vaya sumergiendo poco a poco en el frio de la noche.
Al bajar el sol, algunos niños salen a jugar, sin videojuegos ni elaborados juguetes, se tienen a ellos
mismos y eso basta. Su alegría contrasta con su situación, dura y penosa, en mitad de la nada.
En mitad de su trágica e inmensa nada.
Al caer la noche, la sensación de irrealidad aumenta.
Miles de estrellas rodean sus campamentos, las jaimas descansan y llega el visible silencio, un silencio olvidado en Europa, inexistente.
Aquí aun resiste, solo el viento se atreve a romperlo.
Al caer la noche, la belleza del lugar te hace olvidar el infierno. Dudas si viajaste en el espacio o en el tiempo, si soñaste dormido o despierto, si recorriste kilómetros o siglos atrás.
Se levantaron jaimas, casas de adobe, crecieron colegios y hospitales, casas de ancianos y escuelas de mujeres.
Hasta un huerto ha tenido la osadía de hacerse un hueco en aquel infierno.
Y entre tanta ausencia, su sonrisa, su fuerza.
Parece increíble pero allí está, inquebrantable.
Un pueblo de paz y esperanza, esperando que se haga justicia, su justicia, la de los marginados y olvidados.
En la wilaya, todo parece mentira, las casas, la gente, las cabras, no parece ser real.
Es un decorado, un escenario, te repites una y otra vez, no puede haber gente viviendo allí, pero así es, allí están.
La vida se detuvo un día para los saharauis y en vez de avanzar, el tiempo les obligó a retroceder hacia el pasado negándoles un futuro que les pertenece.
La vida se paró un día, en el Sahara, en el desierto de los desiertos, entre la arena, entre las dunas.
Tan solo esperan, con calma y un té entre sus manos, que algún día se haga justicia, la vida vuelva y los saharauis puedan crecer en paz y libertad, y que el futuro, su futuro robado les sea devuelto.
Tan solo esperan, tan solo espero. Pero...
… ¿hasta cuando?
Al ir acercando la vista a los campamentos, una extraña sensación va invadiendo tu cuerpo poco a poco. Te vas sintiendo cada vez más aislado, como una transición entre dos mundos, son muchos los kilómetros de arena y piedras, nada más, arena y piedras, tan lejos y a la vez tan cerca.
Te hacen sentir como un pequeño bote en mitad del océano, solo, aislado, olvidado. A merced de sus interminables olas.
El viento baila a tu alrededor y con él la arena. Rebelde e imprevisible, te envuelve y se va, se alza sobre tu cabeza y bajo tus pies, en mil y una direcciones.
En mitad de la nada, en mitad de una tierra ardiente y estéril, se alza el pueblo saharaui.
El mar que les pertenece, les espera triste en la distancia, esperando algún dia volver a verles en un lugar del que jamás debieron partir, esperando volver a sentirles entre sus aguas y volver a ver sus sonrisas, esas que ni el desierto ha podido borrar.
El mar llora su ausencia, les espera triste y ausente, les extraña.
El calor y el frio se suceden vertiginosamente, como el sol y el viento.
Una cabra camina fatigada entre las jaimas, la veo, la siento, sin salir ya de entre mis sábanas.
A mediodía la vida se detiene, no se ve a nadie, el sol es demasiado fuerte y todos esperan en sus jaimas que la tarde entre y se vaya sumergiendo poco a poco en el frio de la noche.
Al bajar el sol, algunos niños salen a jugar, sin videojuegos ni elaborados juguetes, se tienen a ellos
mismos y eso basta. Su alegría contrasta con su situación, dura y penosa, en mitad de la nada.
En mitad de su trágica e inmensa nada.
Al caer la noche, la sensación de irrealidad aumenta.
Miles de estrellas rodean sus campamentos, las jaimas descansan y llega el visible silencio, un silencio olvidado en Europa, inexistente.
Aquí aun resiste, solo el viento se atreve a romperlo.
Al caer la noche, la belleza del lugar te hace olvidar el infierno. Dudas si viajaste en el espacio o en el tiempo, si soñaste dormido o despierto, si recorriste kilómetros o siglos atrás.
Se levantaron jaimas, casas de adobe, crecieron colegios y hospitales, casas de ancianos y escuelas de mujeres.
Hasta un huerto ha tenido la osadía de hacerse un hueco en aquel infierno.
Y entre tanta ausencia, su sonrisa, su fuerza.
Parece increíble pero allí está, inquebrantable.
Un pueblo de paz y esperanza, esperando que se haga justicia, su justicia, la de los marginados y olvidados.
En la wilaya, todo parece mentira, las casas, la gente, las cabras, no parece ser real.
Es un decorado, un escenario, te repites una y otra vez, no puede haber gente viviendo allí, pero así es, allí están.
La vida se detuvo un día para los saharauis y en vez de avanzar, el tiempo les obligó a retroceder hacia el pasado negándoles un futuro que les pertenece.
La vida se paró un día, en el Sahara, en el desierto de los desiertos, entre la arena, entre las dunas.
Tan solo esperan, con calma y un té entre sus manos, que algún día se haga justicia, la vida vuelva y los saharauis puedan crecer en paz y libertad, y que el futuro, su futuro robado les sea devuelto.
Tan solo esperan, tan solo espero. Pero...
… ¿hasta cuando?
lunes 24 de agosto de 2009
Hoy, mañana, ayer...
Así nombro los días, sin números a la espalda ni titulados de lunes a domingo.
Días insípidos que se esfuman así sin más al carecer ya de sus maletas, por eso mi calendario está ya inmóvil, tetrapléjico, pero dice que estamos en época de incendios.
Época que me ha servido de excusa entre otras múltiples para escaparme a la playa hace unos días, huyendo así de los fuegos de calor de la meseta, de mi ciudad y de mi interior.
Buscaba la neblitud que dan sus cielos y la agradable estancia de sus termómetros.
Bajé a la playa a barnizarme de sol y me untó la crema, de cerca que estaba, mi vecino de toalla.
Yo, miraba agradecido las carnes femeninas y tostadas que se escapaban de los bikinis mientras me bañaba despacio entre pececillos y pezones, ésta vez hubo menos bañadores.
Vi también llover. Gotas que caían conjuntas sobre el parabrisas, componiendo sus acuáticas sinfonías mientras me fumaba todo el aire dentro del coche de un suspiro.
Sentado pasaba las horas en un banco azul oscuro cagado por las gaviotas, mirando el aire con sus nubes, las flores y el mar, formando el mural visual que conformaron mi paisaje.
Sentado frente al mar que tanto agita, sentado frente al mar que tanto calma.
Necesitaba irme de mí, irme de mí para siempre.
Dejar atrás los años, los semáforos, las patadas, olvidar los seriales, no saber de matemáticas.
Evitar amores, odios, iras y bondades, dejar de tener vida, pantalones, cuerpo.
Abandonar presentes, negar los futuros y ni pensar en un maldito recuerdo.
No pensar, no sentir, quedarme quieto, entre la música y el silencio o dos notas más allá.
Dejar de medir el tiempo, sus náuseas y posteriores bostezos.
Se acabó la búsqueda del sentido, ni santo ni humano, ni bestia.
Al menos sus puestas de sol retrasaban mi tristeza, pero no se confíen, la estoy poniendo a punto.
Días insípidos que se esfuman así sin más al carecer ya de sus maletas, por eso mi calendario está ya inmóvil, tetrapléjico, pero dice que estamos en época de incendios.
Época que me ha servido de excusa entre otras múltiples para escaparme a la playa hace unos días, huyendo así de los fuegos de calor de la meseta, de mi ciudad y de mi interior.
Buscaba la neblitud que dan sus cielos y la agradable estancia de sus termómetros.
Bajé a la playa a barnizarme de sol y me untó la crema, de cerca que estaba, mi vecino de toalla.
Yo, miraba agradecido las carnes femeninas y tostadas que se escapaban de los bikinis mientras me bañaba despacio entre pececillos y pezones, ésta vez hubo menos bañadores.
Vi también llover. Gotas que caían conjuntas sobre el parabrisas, componiendo sus acuáticas sinfonías mientras me fumaba todo el aire dentro del coche de un suspiro.
Sentado pasaba las horas en un banco azul oscuro cagado por las gaviotas, mirando el aire con sus nubes, las flores y el mar, formando el mural visual que conformaron mi paisaje.
Sentado frente al mar que tanto agita, sentado frente al mar que tanto calma.
Necesitaba irme de mí, irme de mí para siempre.
Dejar atrás los años, los semáforos, las patadas, olvidar los seriales, no saber de matemáticas.
Evitar amores, odios, iras y bondades, dejar de tener vida, pantalones, cuerpo.
Abandonar presentes, negar los futuros y ni pensar en un maldito recuerdo.
No pensar, no sentir, quedarme quieto, entre la música y el silencio o dos notas más allá.
Dejar de medir el tiempo, sus náuseas y posteriores bostezos.
Se acabó la búsqueda del sentido, ni santo ni humano, ni bestia.
Al menos sus puestas de sol retrasaban mi tristeza, pero no se confíen, la estoy poniendo a punto.
viernes 17 de julio de 2009
¿Por qué?
Para algunos la pregunta del millón, para otros dos palabras como otras cualquiera, para algunos un síntoma de cotilleo intrandescente y para mí la pregunta más inteligente que me han hecho en los últimos días ( a veces la simpleza más absoluta es la mayor prueba de actividad neuronal ).
En el momento de escucharla no fuí capaz de responderla, por lo que usurpé esa otra frase para algunos tan vulgar que es la de "no lo sé".
Es lo que tiene para mi intelecto el calor sofocante que padecemos siempre por estas fechas, que se mete en mi cerebro y convierte todo en una simple papilla.
Convierte mis realidades más perceptibles en oleadas de luces tenues, aunque afortunadamente nunca tan alejadas como para perder la definitiva conciencia.
Pero transcurrido el tiempo y después de darle unas cuantas vueltas ha sido en esta noche cuando he empezado a darle respuestas, aunque halla sido a costa de salir a fumarme un cigarro al balcón luciendo calzoncillos y dar bocanadas a nuestro aire flamígero.
...Puta ciudad...
Llegado a este punto haré la transcripción de mis impertinentes a la par que improcedentes respuestas, al fin y al cabo puede que esta sea una de mis últimas noches sentado delante de un teclado y necesito seguir dando la palabra a mis tripas, pues no tengo la cabeza para más tumultos y mi corazón hace ya alguna que otra noche que pasa olímpicamente de mi.
...¿Por qué?...
Porque no quiero dejar de sentir los escalofríos en mi nuca cada vez que juego a ser más rápido que la muerte.
Porque el jugar con la muerte me hace sentir vivo.
Porque conozco perfectamente lo que apuesto, de hecho tengo ya algunos años de experiencia.
Porque no hace falta saber jugar al mus para lanzar órdagos de vez en cuando.
Porque estoy harto de escuchar "eres un fracasado, un egoísta y un loco".
Porque ya no quiero sonreir irónicamente mientras contesto "gracias mamá".
Porque mi orgullo vuelve a hervir rabioso por ser devuelto a la luz.
Porque deseo que las próximas lágrimas que derrame acompañen a una sonrisa.
Porque sigo siendo tan infantil como para creer que la sensación de control es algo real.
Porque quiero que mi último cartucho merezca la pena y, finalmente despues de tanta infamia...
Porque me da la gana.
P.D: muchos no sabréis a qué viene este ejercicio de onanismo mental, por lo que aceptaré las preguntas que creáis más inconvenientes, despues de todo suelen ser las más oportunas.
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